El trastorno generalizado del desarrollo o TGD abarca un conjunto de trastornos neurológicos discapacitantes y crónicos que dificultan la integración y el desenvolvimiento social. Afecta a uno de cada 150 niños. El más conocido es el autismo, aunque también están los trastornos de Rett, de Asperger, de La Tourette o el síndrome desintegrativo de la niñez. Dentro del mismo espectro, cada uno tiene sus particularidades. Todos se caracterizan por la limitación o dificultad para comunicarse con otras personas, la permanente repetición de algunos movimientos, la dificultad para imaginar o jugar y la pérdida de interés y concentración en las situaciones que suceden alrededor, en la vida cotidiana.
Los primeros síntomas del autismo aparecen entre los seis y los 15 meses de vida. Los padres suelen ser los primeros en identificarlos al ver que el desarrollo de su hijo es diferente al de otros de su misma edad.
"El diagnóstico del autismo no es fácil. Surge de la observación de patrones de comportamiento del niño y de determinados exámenes psicopedagógicos. El tratamiento es absolutamente interdisciplinario. Intervienen psicólogos, psiquiatras, terapistas ocupacionales, musicoterapeutas, psicomotricistas, asistentes sociales, acompañantes terapéuticos, profesores de gimnasia y fonoaudiólogos, entre otros", explica Roberto Yunes, psiquiatra y director del Hospital Municipal Infanto-Juvenil "Carolina Tobar García", de Buenos Aires.
El engranaje terapéutico debe focalizarse en las necesidades individuales de cada niño. El autismo se da cuatro veces más en varones que en niñas, aclaró.